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    Cuenta una historia que un hombre se cruzó con una mujer exuberante en una discoteca y tras una noche de baile, risas y copas, acabaron en la suite de un hotel de lujo. La mujer entró al baño, y al cabo de un rato, salió desnuda dispuesta a enloquecer al fulano, que al girarse,  dio un respingo y se dirigió al baño de inmediato para comprobar que allí dentro, sobre un sillón de terciopelo, yacían todas las cosas que le habían vuelto loco en aquella mujer; un vestido de lentejuelas, unas trenzas rubias postizas, unos zapatos de tacones de veinte centímetros, y ropa interior Victotoria´s  Secret. El tipo salió del baño con la botella de champán en una mano y la copa en la otra; y con un tono extraño y un poco desanimado le dijo:

  • Lo siento pequeña, eres bonita. Pero a la vista de lo que ha quedado de ti después de desnudarte, prefiero hacer el amor con lo que has dejado en el sillón de terciopelo.

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