No te adaptes a nadie

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     No hay que hacer jamás ningún esfuerzo para adaptarse a otro. Si  eres feliz porque te adaptas, eso es otra cosa. Pero imaginar que vas a renunciar (esos es adaptarse)  para evitar que suceda algo que no deseas, que sepas que tan solo estás renunciando a ser, o a que suceda, otra cosa que de verdad te gustaría más.

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Virgencita

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    No hay ninguna duda, aunque no haya pruebas, que la frase “Virgencita, virgencita, que me quede como estoy” la debe haber pronunciado por primera vez un hombre. Es muy probable que esta sea la frase que más repitan a lo largo de sus vidas, y es también muy probable que sea la última.

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Las escuelas matan la creatividad

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    . Intento por todos los medios que mi hija no le coja a la escuela la misma fobia que le cogí yo. Solo cuento con dos  recursos,  (ninguno de ellos aprendidos en el colegio, por supuesto); el humor y la diversión. Si por mí fuera, mi hija iría a la escuela dos días a la semana; los sábados y los domingos. No se cuanto tiempo me va a durar la estratagema. Mientras tanto la compenso como puedo por todo el aburrimiento y la cantidad de cosas inútiles que debe aprender cada día.

Papá – me preguntó hace unos días – ¿Tu sabes dónde desemboca el Ebro?

Si hija. Pero a  mí lo que me interesa es dónde desembocan las ideas – le respondí guiñándole un ojo con una gran sonrisa.

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No estar a la altura

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    Es muy probable que la frase “No estar a la altura de…” la haya pronunciado por primera vez una mujer en busca de lo ideal. Creo que junto con “No tengo nada que ponerme” y “los hombres son un asco” son las frases que más veces pronunciaran a lo largo de sus vidas. Si se piensa bien “No tengo nada que ponerme” es lo mismo que “No estar a la altura de…” y “los hombres son un asco” pues, por ejemplo, cuando una mujer abre su armario y dice “No tengo nada qué ponerme “, lo que quiere decir es: “mi armario no está a la altura de lo que yo necesito ahora  ni los hombres tampoco”

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La cortesía

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 El uso de la cortesía, en principio, no debería implementarse en función del  interlocutor. Mientras uno esté vestido, ha de ser siempre muy considerado con todo lo que tenga delante. Y cuando esté desnudo lo debe ser incluso doblemente; tanto si lo tienes delante como si lo tienes debajo.

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