LA ULTRA POLÍTICA: el nuevo «racismo»

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LA ULTRA POLÍTICA
(el nuevo “racismo”)

Las ideologías “democráticas” se han vuelto supremacistas, no en el sentido racial de la acepción, sino en un concepto de representación de una superioridad indiscutible sobre otras que sí lo son.
Bienvenidos a la ULTRA-POLÍTICA, un rasgo en el que ya no cabe de ninguna manera la democracia (que por otra parte jamás tuvimos)
Cada grupo político se centra en imponer la superioridad “moral” de sus ideas Continuar leyendo

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La propuesta

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La propuesta

No todas las atrocidades se despiertan siéndolo. La mayoría se gestan poco a poco. Ayudadas por ideas que nacen en la “buena voluntad” de alguien que cree que se deben hacer cosas de “alguna manera” para que “el otro” entienda “algo” de forma efectiva. La subjetividad que encierran  los entrecomillados es lo que puede convertir algo razonable en peligroso.
En un instituto de educación secundaria han tenido la iniciativa de realizar en el día internacional de la mujer una actividad de interés educativo con el objeto de que una parte de  alumnos tomara conciencia acerca de la discriminación que sufre otra parte. Continuar leyendo

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EL ODIO MAJESTUOSO

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EL ODIO MAJESTUOSO

Crece como un tumor descontrolado la instrumentalización del odio como delito, y la necesidad (fuertemente ideologizada) de castigar todo pensamiento divergente expresado con antipatía, aversión, o enemistad, aunque sea elegantemente. En esa solicitud de castigo ha renacido el más inquisitorial de todos los actos;
                          el de castigar un sentimiento expresado sin violencia.

Lo más inquietante de la ley de delito de odio es que su interpretación puede extenderse hasta límites insospechados. Cualquier cosa puede ser catalogada como delito de odio si alguien está dispuesto a interponer una querella en ese sentido. Continuar leyendo

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Sonreír a [email protected] [email protected]

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Sonreír a [email protected] [email protected]

La mujer delante de mí pone, con modales suaves y un poco cansinos, su compra en la cinta. Delante de ella un señor que se toma demasiado en serio a sí mismo, introduce su tarjeta de crédito y marca el pin mostrando sin disimulo una precaución fuera de lugar. El cajero que espera la confirmación del pago, gira levemente la cabeza hacia un lado para atenuar su posición de “revisor”. La mujer delante de mí procura no cruzar su mirada con la del cajero que, por un instante, para no ser tan carnal, como esas vírgenes de la iconografía cristiana, Continuar leyendo

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