INSATISFACCIÓN Y MALAFOLLÁ

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INSATISFACCIÓN Y MALAFOLLÁ

En algunos lugares más que en otros, se manifiestan más elocuentemente los efectos devastadores que crea la insatisfacción sexual.

Esos infelices  pasean su erotismo enjaulado  con una domesticación  tan patética y una suficiencia tan incongruente, que lejos de sentir pena por ellos, dan ganas de abofetearlos.

Perfectamente vestidos. Correctamente peinados.Llenos de rigideces y ademanes de fastidio, estos desgraciados, son facilmente identificables: En los supermercados se detienen a escoger un paquete de fideos como si fuese un perfume. A sus hijos/as,  apenas empiezan a caminar los visten como cloncitos de ellos. En los semáforos, antes que tú hayas tenido tiempo de meter primera, ya te estan tocando el claxon. Como vecinos, esperan tras su puerta para no coincidir contigo en el ascensor si te oyen salir de tu piso. Jamás sonríen a los/as dependientes/a. Dicen que su ciudad es la más bella del mundo sin haber viajado apenas. Como transeúntes prefieren atropellar todo a su paso antes que desviar unos centímetros su rumbo necio. Son igual de mezquinos cuando conducen que a la hora de invitar o dejar propinas.

La argamasa de frustraciones imbricada en el colectivo de todos estos agriados, a los que en Granada se les conoce como «malafollá»  contiene tal cantidad de miserias, hipocresías y represiones, que no es posible establecer con ellos ningún tipo de relación que merezca la pena.

Si te vieras forzado a interactuar con este tipo de gente, debes saber varias cosas: En primer lugar, son inmunes al encanto y la cortesía. Cuando tienen la oportunidad de elegir antes que tú elegirán joderte. Y solo reculan si enseñas los dientes.

Te aconsejo que les digas a la cara lo que piensas sin «corrección politica». Es como darles una bofetada. Aunque sólo hay una cosa que les hace más  daño:

     ¡VERTE SONREÍR!

 

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