La belleza de la sinceridad.

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La belleza de la sinceridad.

  La sinceridad tiene su belleza, pero es una belleza que nadie quiere para todos los días.  Le ocurre como a las modelos de pasarela, son interesantes de ver de vez en cuando, pero los hombres no las quieren como esposas, ni amantes; los niños no las quieren como madres y el resto de las mujeres las ven como hambrientas desgraciadas.
He podido comprobar que mucha gente que se manifiesta partidaria de la sinceridad, se vuelve particularmente susceptible cuando, a causa de ella, alguien les dice algo que no le hubiese gustado oír, aunque sea una verdad incontestable, y aunque el objeto de esa observación tenga la intención de abrir un debate cuyas consecuencias siempre serán reveladoras.
Esto suele ocurrir  (Hablo como hombre) con mayor frecuencia con las mujeres más o menos resultonas que están acostumbradas a que todas las conversaciones que suelen mantener con los tíos no contengan nada que pueda poner en duda la supremacía de su ego, y su  belleza idolatrada por  esa legión de babosos lameculos, que están siempre riéndoles las gracias  y herniándose por caerles bien . Estas mujeres, que solo están acostumbradas a recibir masajes de los hombres, se ofenden cuando un hombre de verdad les hace una observación inesperada. Están tan intoxicadas con los discursos de los aduladores que no distinguen una “invitación” a concebir algo de otra manera de una observación dañina.
Estas mujeres están dispuestas  a oír una y otra vez las mismas gilipolleces y a aburrirse como ostras con cualquier tipo vulgar, siempre y cuando reciban sus  dosis habituales  de halagos. Cualquier cosa antes de que alguien les pregunte: ¿Oye; de todas las cosas que pensamos y no podemos hacer,  o de todas las cosas que nos dañaron y no quisimos contar; podemos hablar ahora?

Es mentira  eso de que «Quién más te quiere te hará sufrir». Quién más te quiere te hará dudar, te hará pensar y te dirá cosas que otros no se atreverán, esa es la belleza de la sinceridad, y es parte del amor, de cualquier amor, y de la amistad, claro. Quién no aprenda esto, nunca conocerá el amor ni la amistad.

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