Te amé

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Te amé, tú sabes que te amé.
Te amé con desesperación, te amé hasta el fondo, de mí y de ti.
Apenas te abracé aquella noche en la que no brillaba ningún astro sino una estrella; tú, allí, ya te amé

Te amé, tú sabes que te amé.
A escondidas primero. En mil huidas. En las sombras.
Pero después te amé a la luz,
con tanta luz que los demás decían ¡Cuánto fulgor desprenden esos dos!
En aquella tormenta que nunca olvidaré, Dios ¡Cómo te amé!

Te amé, tú sabes que te amé.
Deshaciendo el pasado para hacer un futuro solo nuestro, sin fotos antiguas, sin otros besos pasados que tanto duelen en la memoria del otro.
Sin nada que pudiera interponerse, ¡Y mira que había tanto! Te amé.

Te amé, tú sabes que te amé.
Incluso con rabia, mucha rabia, de no saber qué hacer para no tener rabia.
Las brujas del enfado, los fantasmas del miedo a gritos, las soledades heredadas merodeándonos constantemente.
¡Cuántas batallas! Pero también ¡Cuántas victorias!
Precisábamos tantos abrazos para calmar un pasado que no entiendo por qué nos dolía tanto si, ni tú ni yo lo queríamos.

Te amé, tú sabes que te amé.
Sin saber amar, y sin saber que no sabía, te amé.
Con todo lo que yo tenía en aquellos días, que eras tú, te amé.
También te amé creyendo que lo hacía bien, porque tenía tantas ganas de amarte bien.
Te escribí que te amé, te lloré que te amé, te grité que te amé, me morí que te amé, me perdí que  te amé, y, aunque nunca me olvidaba de que te amaba, me olvidé de calmar la distancia que te hizo no sentir que te amé.
Y te perdí

Te perdí, tú sabes que, casi te perdí.
Estiré los brazos, estiraste tus brazos.
Te marchaste tan cerca de mí, que estando tan lejos, tan lejos, comenzaste a crecerme por dentro de una manera tan triste y tan bella que empecé a morirme de un dolor que no conocía.
Mientras corría como un ratoncito tarado en una noria infinita buscándote.
¡¡¡Dios mío, pero cómo un ratoncito tan pequeño puede estar tan grandemente solo!!!

Y Te busqué ¡Cómo te busqué!
Te traje al mar, tu mar divina,
tu sol, tus margaritas, tu café,
una gata que me hacía regalos y una ensuciadora tres veces por semana.
¡Nunca fui más feliz!
En realidad, nunca te lo dije porque no lo sabía, pero yo nunca antes había sido así de feliz, ni siquiera un poquito feliz, ni un miserable cachito feliz, solo me había divertido imaginando que era feliz, y todos lo creían, incluso yo.
Pero solo fui feliz contigo,
Feliz de verdad; de desear morir abrazado a ti.
De sentir que después de aquello no habría nada más.
(Dios mío, ¡Qué premonición!)

Cuánto nos reíamos y nos burlábamos de todo.
El amor nos hizo tan perfectos que los Dioses nos envidiaban.
Tan solo  faltó que nos aplaudieran.
Los vecinos nos odiaban (tú sabes bien por qué)

Te amé, tú sabes que te amé.
Te amé en París y en toda Italia
Te amé bajo la lluvia, bajo el sol.
Te amé delante de David y de aquella  harapienta vieja de hierro que tanto te impactó

Te amé, tú sabes que te amé.
Después de aquella taza rota que te compré en Berlín.
Y todas las veces  que los alegres duendes del alcohol bailaron para nosotros como no lo hacían con nadie.
¡Salud mi amor, salud mi amor!
Sirva otra ronda mozo por favor, que aquí hay hígado para rato.
¡Salud mi amor, salud mi amor!
El cine, los libros, la música.
Comer, beber y amar
Cantar, viajar, reír, y amarnos.
Pero, no solo eso,
también ternura de saber que el otro estuvo muy solo;
que uno estuvo muy solo sin el otro.

Te amé, te juro que te amé.
Y tú también me amaste, no lo jures; lo sé.
Generosa, valiente, profunda.
Compañera del alma, amante, cómplice.
Te amé, pero también un día me equivoqué.
No me equivoqué de amor, ni deseo, ni de abrazo, ni siquiera de beso.
Me equivoque de cuerpo.
Y entonces, algo horrible, horrible, horrible; se metió en nuestras cosas.
Dolor, rabia, tristeza, desconfianza.
¡Qué pena, amore, (así me llamabas) qué pena!
Una culpa extrema se me fue de las manos
Y por todo el amor que sentía la vergüenza me sentó en un banquito mirando a la pared.
Y ya nunca, nunca, nunca más, me pude levantar de allí.

Nuestro amor, porque fue el amor,  nos trajo un amorcito;
un diablillo insomne, llorón y porfiado.
Un eslabón entre dos miedos,
un milagro pequeño, entre dos milagros rotos.
Yo quería quererte más que antes.
Necesitaba quererte más siempre.
Deseaba quererte más que nunca.
Pero perdí tu cuerpo y con él todos los cuerpos,
el mío incluso perdí desde entonces.
Y tú, hermosa, hermosa, hermosa.
Más hermosa que antes,
más hermosa que siempre,
más hermosa que nunca,
te llenaste de miedos fundados.
Pero, no eras tú, mi amor, no eras tú.
No era tu cicatriz; bella; bella; bella
Te lo juro por todos los Dioses que nos envidiaron;
era la mía; fea; fea; fea.

Te amé, tú tienes que saber que yo te amé.
Tienes que recordar que yo te amé.
Tengo que conseguir que no te arrepientas de que yo te haya amado.
Porque fue lo más hermoso que hice en mi vida.
Y fruto de ese amor tengo otro igual de bello.

 Ahora, tienes que andar.
Yo sé que tienes que andar.
Yo sé que quieres andar,
(Quien dice andar dice amar, gustar, desear, tocar, besar)
y yo quiero que andes.
Y que seas todo lo feliz que puedas.
Pero escúchame un momento,
solo un momento,
como si no te costase imaginar cuánto te amé.
No me odies
Yo tengo que sentir que no me odias.
Necesito sentir que no me odias.
Para poder levantarme del banquito y dejar de mirar esta pared
y acercarme a ti sin vergüenza, ni miedo,
y abrazarte con todo el cuerpo para devolverte la certeza de que te amé

Tenemos que romper este cristal sucio.
Y solo se me ocurre una manera;
rescatar todo lo que nos une;
lo que tenemos en común, que no es solo nuestra hija,.
sino también ese lazo mágico que nos hace sentir (si es que tú lo sientes todavía) que pase lo que pase, aquella telepatía asombrosa, aquella  trasmisión de pensamientos  y emociones, pueden existir  solo entre dos seres  que los astros no quieren separar.

Piojosa (¡Cómo me gustaba llamarte así!)
Te amé, y te juro que no solo te juro que te amé, sino que te querré siempre,  porque fuiste (eres aún, no te puedo reemplazar) lo más maravilloso de mi vida.
 Échame los brazos sin rencor; hazlo por todos, 
también por los Dioses que nos envidiaron  y están muy tristes
Hazlo por el cine, la literatura, la música,
los buenos vinos, los chupitos de Mei Kuey Loo.
Y porque un día me publicaran  un libro que te dedicaré
Y tú te sentirás orgullosa, pero no solo por el libro
Sino porque te amé;
tú sabes que te amé.

 

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